martes, 23 de octubre de 2018

Ni olvido ni perdono

Un mes y medio hace que no vengo por estos lares. Bueno, era de esperar. De hecho casi habría esperado no volver a aparecer hasta dentro de cuatro años... o nunca... Pero aquí estoy. Porque este mes largo he estado discutiendo si soy o no soy. Intentando entenderme. Y entre bodas de hermanas y resis pequeños, findes de escapadas y de guardias, sigo peleando conmigo mismo.

También es por eso que he vuelto. Porque en el fondo, ni olvido ni perdono. Es una gran verdad que tus mejores virtudes pueden ser tus mayores defectos. Ser inasequible al desaliento es lo que tiene: volverás, pero seguirás luchando día tras día tras día contra esa pared de hormigón esperando que tus golpecitos con la frente la echen abajo, aunque tenga varios metros de espesor. Al final lo que me hace infeliz es que no peleo porque tenga la ilusión de avanzar y ver lo que hay tras la pared... Es que continúo porque es lo que aprendí hacer.

Y hoy, al menos hoy, acepto que no lo sé hacer mejor.