lunes, 27 de agosto de 2018

Noches de luna llena

Pues nada, aquí acabando otra guardia. Tengo que empezar a acostumbrarme a escribir también en casa, porque me quedan aquí unos agujeros que el blog parece un queso Gruyer. Vale que luego lo cuento todo en el siguiente post, pero es corriendo y apretado. Como ahora:

Ya tenemos el primer presupuesto para la reforma del piso, y dobla lo que teníamos pensado. Como no sabemos si lo que tenemos pensado es lo que tenemos disponible, tampoco sabemos muy bien hasta donde llegará la reforma. Tenemos que esperar a los otros tres presupuestos. El punto positivo es que no me ha afectado emocionalmente y he podido valorar alternativas a la situación. Y que mantengo la paciencia.

El fin de semana fue normal pero al revés. El sábado fue domingo y el domingo fue sábado. Ya arrastraba yo ese sueño y cansancio medio idiotas. El viernes le sumé un ligero dolor de cabeza, creo que estaba bastante deshidratado (nota mental (reincidente): beber más agua y menos mierdas edulcoradas). El sábado me quedé solo y me di un permiso de holgazán que luego pagué con un bajón de tres pares, y encima discusión. Al parecer, a A. le quedó todo muy claro cuando vio que había luna llena. Los dos somos 100tifikos, y poco astroinfluenciables, pero yo que sé. Si cuando hay luna llena me pongo tonto, quién soy yo para negarlo. Sobre todo si me ahorra media bronca y me aumenta la tasa de besoabrazos. Al final, la tarde quedó en paseo, hamburguesa en Mad Grill y vuelta a casa. Un chupito de beirão que nos trajimos de Portugal y un copóncho de Carmela  para ver la segunda en una semana de Woody Allen, "Granujas de medio pelo". Pufff, esta no, lo siento. Pero sigue poniéndome pelis clave, que al menos me culturizo.

El domingo ya estuve más animado. Claro, no estaba solo. La mañana fue una de esas locuras en las que paso a llamarme Maruja o Fernanda, me ato un pañuelo (metafórico) a la cabeza y le pego un repaso a la casa que queda como los chorros del oro. Pero brillis brillis oiga. Por la tarde fuimos a Las Rozas Village, y aunque no estábamos 100% convencidos, acabamos comprando en Brooks Brothers los trajes para la esperada boda del año (my sis's, no la otra, que también pero menos). Dice Internet que somos gente con clase que compramos trajes en sitios con solera neoyorquina. Olé tú. Quién quiere dos riñones y pa qué. Para rematar el día, hasta estudié un poquito de embrio renal :D

El día de hoy ha estado bastante bien. Los próximos días tendré algo más de faena con mis pacientitos, y de pasada me han calzado dos tareítas de divulgación científica, una de ellas bastante jugosa. Si las sumo a las clases pendientes y la charla para los médicos de AP, sumo cuatro propias, más las que superviso. Así que antes de que me coma la avalancha, digo aquí "BASTA" hasta que no me quite una no me pongo otra. A ver si Edu me cree mañana. La tarde también ha sido amena porque mi resi venesolana es muy aplicada y ha querido oírme parlotear lo poco que sé de diálisis durante... ¿tres horas? Pobre... Menos mal que ya nos vamos.

Y menos mal que ya es cuarto menguante...

viernes, 24 de agosto de 2018

Back to black

Pues nada, se quedó sólo en una noche de paz. Tengo sueño. Tengo mucho sueño. Todo el sueño. Así estoy, que voy a rastras por el mundo. Peor aún, lo veo todo en negativo. La molestia de ayer hoy es presagio de enfermedad letal, la mala cara en casa vaticina mil años de mal fario, y así todo. Intento no dar importancia a nada y esperar a poder estar más descansado pero apuf... Encima luego me echaré una siesta que me trastocará la tarde, y el inicio del fin de semana.
Mira Otoño, ven ya, ¿no?

miércoles, 22 de agosto de 2018

Noches de paz

No es un villancico. Es lo bien que he dormido joder. No ha llegado a 7 horas, pero así cunde mucho más. Venga, a ver esa guardia de hoy, que me la como con patatas.

Ayer la terapia fue espesita. La conclusión, por buscar alguna, es que tengo que aprender a ser más egoísta. Saber anteponer mi cuidado a los demás sin sentirme mal (o sabiendo sentirme y sobrellevándolo). Pues nada, dejaré de salvar al mundo... si me acuerdo...

Fui a la papelería, y cómo me gustan las papelerías. Si pudiera, viviría en una librería - papelería. Ese olor me trae recuerdos de infancia, de ilusión por un nuevo curso, de estrenar material. Así que me compré dos cuadernos y un boli de cuatro colores. El primer cuaderno es para Historia, porque ya me dio que no iba a buscar el antiguo, y escribiendo memorizo mejor. Lo estrené por la noche con las divisiones del Cuaternario. El otro cuaderno sería para Nefro, y espero estrenarlo mañana con la embriología. Mi idea es ir haciendo los 87 temas del Brenner; me saltaré alguno que me toca menos (enfermedad renal en Oceanía y similares), e intentaré completar otros en los que no me parezca bastante profundo (diálisis, trasplante, etc). A ver cuánto me dura la neura, y cómo la compagino con las otras neuras que me den para el nuevo curso.

El final de agosto es un poco domingo, pero septiembre trae un nuevo curso, frescor e inicio de otoño. Cuando me levanto cada mañana hay un poco menos de luz, pero me apetece este cambio de estación. Me huele bien...

martes, 21 de agosto de 2018

Noches de bohemia

Llevo unas cuantas noches durmiendo como el culo. Si no es el calor porque intentamos apagar el aire portátil al menos durante un rato, es la acidez de estómago, o las pesadillas, o una puñetera canción que se me ha pegado y no me deja tranquilo. Así que voy semi a rastras, intentando no agotar el tiempo libre en siestas, que además luego es peor.

Ayer por la tarde tuvimos el enésimo ensayo en casa de Borch. Estamos preparando la canción para la entrada de su novia el día de la boda. Es un osado... No sé muy bien cómo está quedando, espero qué bien, porque será un momento clave en una ceremonia de unos 200 invitados. Vaya berenjenal. Encima, aún tengo que ir a alquilar el pingüino.

Por la noche rescaté de las profundidades de la chaise longue el libro de Prehistoria I. El cuaderno de apuntes debe de estar aún más profundo, así que ahora me debato entre rescatarlo el fin de semana o empezar uno nuevo. Diatribas del primer mundo. Voy a ver qué feeling me da leer el libro estos días y entonces me plantearé si volver a matricularme en la UNED este año o no.
Es lo que tiene la Historia. Que es cíclica...

lunes, 20 de agosto de 2018

Fin de semana completo

Vaya últimos días sin parar. Pero en buen plan, ¿eh? Ha sido un fin de semana variado, completo, agradable. No ha sido intenso, y quizá por eso por dentro he rumiado los momentos en los que he parado. ¿Aprenderé algún día a parar?

Voy a intentar ser ordenado. El viernes vino el primer albañil a ver qué pedíamos en la nueva casa. Aún tardará unos días en darnos presupuesto, pero al menos no puso cara de pánico ni expresión de "id pidiendo quirófano para las cuatro nefrectomías". Algo es algo.
Por la noche nos pusimos en plan tranquilos, gyn tonic casero de mango Carmela con película. A me puso "Midnight in Paris", que llevaba amenazando con ella ya un tiempo. No está mal para ser de Woody Allen. La pieza inicial la habíamos visto ya mil veces en YouTube. Es preciosa y siempre me hace querer volver a París, a sus calles empedradas, sus aromas y sus rincones de postal. Quiero volver ya. La trama es un poco tópica, una repetición del carpe diem con estilo y discursos a lo Allen, pero no en su versión más pesada. En definitiva, quiero volver ya a París.
Por cierto, la segunda película "non-commercial" que me cae esta semana, que el miércoles vimos "Asesinato en el Orient Express", versión 1974. La versión de 2017 la teníamos vista de hace unos meses, y curiosamente incluso recordaba bastante del argumento.

El sábado madrugamos para que pudiera gastar mi vale de San Valentín. ¡Así soy yo, lo quiero todo para ya pero procrastinando al máximo! El regalo era un pase para el Hammam de Madrid, con su masajito incluido. La otra vez que estuve en el Hammam fue como hace 15 años, y no recordaba que fuera tan genial. La decoración te transporta al pasado, cuando atraviesas sus arcos de medio punto para pasar de la tina templada a la caliente, y de ahí al baño turco, mientras la luz tenue de las velas y los enrejados ilumina el pasillo. Las paredes rojas están decoradas con motivos árabes en bajorrelieve, y las manchas de humedad en los techos se vuelven pareidolias zoomorfas con los vahos de las piscinas. El masaje con aceite aromático de lavanda fue breve pero totalmente relajante. Para redondear la experiencia, una fuente (¡una FUENTE!) de te caliente y dulce, de la que me tomé unos doce vasos... No sé si la teína que tenía era relajante o excitante (leí una vez que dependía de si había reposado pocos o muchos minutos), pero como es habitual me costó bastante frenar la velocidad de mi cabeza. No digamos ya ponerla en blanco...

Después de un largo paseo por el centro de Madriz, comimos en un real food comida orgánica y exquisita (qué gran descubrimiento el Honest Greens). Adelantamos la comida para evitar pagar la entrada en el Museo Arqueológico Natural. El MAN era uno de nuestros grandes temas pendientes, y por fin lo empezamos. Digo lo empezamos porque en la segunda planta me saturé un poco, eché en falta haber repasado mis libros de la UNED, y decidimos dejar la segunda mitad para otro sábado (nota mental: ¡no olvidar a los túrdulos!)

Tras la paliza caminera y una siesta recuperadora, quedamos con el futuro marido (nota mental 2: buscar otro nombre), que nos coló a sus 3 hamijos de la Facultad. Al final la noche estuvo divertida. Cenamos en Yakitoro de Alberto Chicote. Tenía ganas de probarlo, y la verdad es que su fusión japo-castiza da muy buen resultado en todo: ensaladas, brochetas y postres.

El domingo (para no enrollarme) enseñamos el piso a Willy & Co, luego siesta horrenda de domingo (que convirtió el domingo en Domingo), y paseíto y aburrimiento vespertinos. Y aquí estamos de nuevo de lunes, viendo como se planea la semana.
Seguro que bien :)

jueves, 16 de agosto de 2018

Guardia de ¿lueves? ¿juenes?

Pues mira, al final ayer fue más sabo- que -mingo. Que sí, que nos levantamos a las 11 de la mañana. Que vale, que me eché una siesta de casi dos horitas más rica que nada. Pero oiga, arreglamos todos los papeles burocráticos, tarea aburrida donde las haya que estaba pendiente en mi cabeza desde hacía mucho, y con eso cumplí la parte de los debería. Y por la tarde fuimos a las fiestas de La Latina, y con eso cumplí la parte de los me apetecería.

Me encantan estas fiestas de barrio, castizas y folklóricas. Socializamos un rato, lo cual está bien. Hace tiempos que hablamos (vale, hablo) de tener algún tipo de círculo social estable y útil, un puñaíco con quien quedar y compartir aficiones y momentos. Cuando uno se empareja, y se empareja bien, no es difícil acabar en un círculo de dos que ocupa todo el tiempo y el espacio. Eso, a la larga, no es lo más recomendable.

Bueno, que divago. Nos juntamos con el futuro marido y otra parejita de ese grupo, y echamos media tarde divertida entre tintos de verano y raciones de calamares y patatas bravas. Hablamos de amor, de pisos, de medicina (cómo no, con tres médicos en el grupo), de la vida. Bailamos los pocos ratos que encendieron la música. Gritamos "¡guapa!" y "¡brava!" a la Virgen en la procesión. Y a una hora bastante prudente, nos retiramos.


Lástima que haya pasado una noche de perros por los tintos-de-verano y las-raciones-varias. Mis digestiones no son las que eran. Mentira, siempre he sido de natural delicado en el tubo digestivo, aunque eso nunca me haya llevado a curarme en salud y vigilar lo que entra en mi boca. Tres viajes nocturnos a beber leche y doscientas vueltas en la cama. Ahora voy cabeceando por las esquinas del hospital, esperando que la residente no se dé mucha cuenta y pasen rápido las 12 horas que quedan para llegar a casa y volver a dormir. Para colmo, y para un poco más de tristoncillez, agosto ya no es julio, amanezco con más oscuridad y a las 10 de la noche ya es de noche. Quiero dormir... Zzzzzzzzzzzzzz....

martes, 14 de agosto de 2018

De guardia a guardia y tiro porque me toca

Hoy estoy emocionalmente absurdo. Durante un rato estoy animado y constructivo, al poco pasota y aburrido, luego tristecillo... Bien pensado, llevo unos días emocionalmente absurdo. Lo sé porque tengo la lágrima más mucho más muchísimo más fácil de lo habitual. Ya sólo me falta saber el por qué. O no, quién sabe...

Se supone que estoy en fase de "paladear" mi trabajo, trabajar como si empezara de nuevo para saber si realmente me gusta, o qué partes de él me gustan y cuáles no. Así podría decidir si hago las cosas porque quiero o porque creo (creía) que debo. Por ejemplo, hoy no me ha salido de mis partes nobles acabar un artículo que tengo pendiente, así que no lo he acabado. De momento, me aburro un tantito asín, pero tengo menos sensación de frustración que hace unas semanas. No sé si considerarlo un avance...

Hoy me toca guardia, y pasado mañana también y encima es festivo. No tiene sentido que las guardias en fiesta me pesen más, porque es el mismo número de horas, pero de algún modo es así. Así que mañana es un día peligroso, porque es sabomingo. Los sabomingos son peligrosos porque si se mezcla lo que mola un sábado con lo petardo que me vuelven los domingos, el resultado de la combinación es totalmente imprevisible. Lo mismo te sale un gyn tonic con sus botánicos que un kalimotxo warripeich, que un chupito de lejía Conejo. 

Yo había propuesto ir a la Verbena de la Paloma, que a mí el punto castizo me mola. Estuvimos el domingo con el doctor corazón (momento exaltación de la amistad incluido) y su futuro marido. Como el Dr. Heart está de vacaciones, me ofrecí a ciceronear / entretener a su futuro marido, que parece majo. Pero no sé si me apetece ese plan, otro distinto o nada. Intento rascar con las herramientas de Edu. Edu es mi terapeuta (el último, el que te amputa la pierna para no poner tiritas). Rascando, veo que esa paja mental es de los -mingos que intentan que mañana el sabomingo sea menos sabo-. Voy a optar por amputar el problema: haré lo que sea sin pensar, pero no me quedaré en casa pensando, salvo que quedarme en casa fuera lo que haga sin pensar. Dicho de otro modo, mañana a la puta calle de cabeza.

O ese es el plan...

Gente de alta alcurnia con fotos de caballos en la pared

La semana pasada tuvimos un día desos importantes. De los que te unen por mucho tiempo, aunque sea frente al poder fáctico de una entidad bancaria. Íbamos nerviosos, pero menos porque íbamos tarde, y teníamos que quedar allí. Cada vez detesto más meter el coche en el centro, sobre todo si voy a algo concreto con hora fija. Al menos llegué bien puntual y nos juntamos en la puerta.

Fui gran parte del camino pensando en lo curioso que me parece que no tenga apenas recuerdos de la otra vez que pasé por este proceso. Pero nada, ¿eh? Ni el dónde, ni el con quién (quiero decir, de quién), o qué tiempo hacía o qué se yo... Un momento que se supone que es importante, al menos para mí por lo que implica. Y no recuerdo nada. Por eso esta vez hice dos fotos y un selfie ☺

Entramos en un portal de los que encuentras en el barrio Salamanca. Subimos a un primero de techos altísimos, alfombras viejísimas y un popurrí de muebles de Ikea mezclados con otros heredados del siglo XIX. Sillones enormes, con uno aún más enorme para que se vea quién cobra 1000 euros la hora. Cuadros de jockeys montando, fotos de su Ilustrísima siendo premiado y agasajado por gente igual de importante, adornos traídos del pasado y/o del rastro.

Y luego, firmas y más firmas, aquí y allá. Apretones de mano y enhorabuenas varias. Consejos finales. Y salir de allí con 5 juegos de llaves, un saco de ilusión y una bolsita de miedito, y un número haciendo eco en nuestra mente...

Dos mil cincuenta y siete... cuenta y siete... siete... ete... ete... ete...


lunes, 13 de agosto de 2018

Para ser conductor de primera, acelera, acelera...

He decidido que agosto es el mes sin navegador en el coche. Porque si lo pongo cada mañana es para que Google Maps me elija la ruta evitando atascos y embotellamientos, y en agosto en Madriz hay mucho menos tráfico. Además, como últimamente estoy conduciendo peor, quiero ver si con esto mejoro algo.

Tenemos la teoría de que en parte es porque hago la ruta cada día (no como en la Terra Ferma, que conducía una vez por semana) y eso me hace sentirme más seguro y fijarme menos. Mi hermana tiene la teoría de que no miro al cambiar de carril o incorporarme. Es una teoría más sencilla, así que en base al principio de la navaja de Ockham, probablemente soy un garrulo al que se le olvida girar la cabeza.

Total, que la sospecha de mi empeoramiento al volante surgió hace un mes cuando un camión se llevó de souvenir mi retrovisor izquierdo al entrar a la carretera de Toledo. Dicha sospecha creció con dos o tres gritos de copilotos que veían peligrar sus vidas. Y se confirmó en el pequeño accidente en provincia de Burgos, cuando yo quise adelantar en carretera nacional y aquel 4x4 se empeñó en ocupar un punto del espacio-tiempo que yo preveía para mi uso. Menos mal que fue poca cosa. Menos mal que fue tres días antes de haber cambiado a una compañía de seguros más barata, pero que sí penaliza los partes de accidente. Menos mal...



En fin, conducir sin navegador ayuda, así no veo los minutos que faltan para llegar y no apuro para intentar recortarlos. También he abierto más los retrovisores externos y giro más la cabeza. Espero que sea suficiente. Mi ego ya ha sufrido suficiente, teniendo en cuenta que "mi buena conducción" era una de esas pocas virtudes de las que me sentía bastante seguro. Ahora tendré que aprender a tocar el ukulele o algo...

viernes, 10 de agosto de 2018

Vámonos de viaje exprés

El fin de semana pasado fuimos a mi tierra. Bueno, yo soy algo apátrida y un tanto desarraigao, así que dejémoslo en que fuimos a la tierra en la que vive mi familia nucelar. Eso siempre está bien, me gusta mezclar a mi familia con A. porque estoy juntando dos de las partes más importantes de mi vida.

El finde cumplió su propósito (que lo tenía), y vimos a parte de la familia. Otra parte de la ídem que no pudimos ver tuvo a bien reprocharme que no avisara de que iba, y eso que tiende a manifestarse cada tres o cuatro solsticios (con suerte).
Morí de calor húmedo varias veces. También nos montamos a un tren dentro de una casa. Algún día hablaré de por qué recomiendo no hacer JAMÁS un escape room, pero para quien lo haya probado y le pase como a mí que ya no pueda salir de este círculo adictivo de querer hacer uno al día (ojala Euromillones) ,tengo que recomendar fervorosamente la Estación del Ferrocarril.

Sin embargo, lo más mejor del finde fue el viaje en sí. Es increíble como 5 horas de coche pueden dejar de ser tediosas y soporíferas, y pasarse volando. A pesar de vernos a diario, seguimos siendo capaces de hablar durante horas y horas, y los pocos silencios que surgen nunca son incómodos. A pesar de estos 6 años, seguimos disfrutando de cantar a voz en grito lo que sea que salga de aquel pendrive que preparamos para nuestros viajes: desde Alaska a Nino Bravo, del Ai se eu te pego a Freddy Mercury. Con tus obligadas paradas cada dos horas, que yo estiro hasta tres. Con tus cocacolas zero y mis Red Bulles (porque el ronroneo del motor da ganas de dormir). Y con esas frases tan tuyas como que te gusta mucho España porque es ferrosa.

Y es que cogería el coche ahora mismo, te metería en el asiento del copiloto, y conduciría sin pestañear hasta llegar al Oceano Pacífico.

jueves, 9 de agosto de 2018

Una y otra vez

Yo tenía muchas cosas que contar porque los últimos días han sido bastante jugositos. Pero es que ayer fuimos al cine Capitol y en sus salas enormes de teatro antiguo vimos "Mamma Mia. Una y otra vez", la segunda parte de ese musicalón que Meryl Streep bordó cuando apenas rozaba los 60 veranos.


La película en sí nos gustó, está bien. En esta ocasión no se cumple aquello de que segundas partes nunca fueron buenos, aunque es evidente que no llega al nivel de la primera. Coincido con A. en que le falta el buenrrollismo que desprendía la primera, con todo tan hippy, todo bien. Ahora el argumento empapa las dos horas de un sabor agridulce. Aún así es muy tierna y bonica.

También es verdad que las canciones más famosas de ABBA las gastaron en la primera, y ahora les quedan otras un poco menos conocidas. Lo guay es que me ha dado a conocer alguna canción nueva cuyo nombre ahora ni idea, lo solucionaré como siempre, quemando el playlist en YouTube.

Dos anotaciones. El papel de Cher me ha decepcionado bastante. Todos esperando un regreso estelar en la que quizá sea su última película, y lo último real que hace desde Burlesque hace 8 años. Y sí, las versiones de ABBA muy bonitas en su timbre y con su estilo. Pero su papel es totalmente vacío, no aporta nada a la historia, y tal podríamos decir que han calzado a medida su personaje sólo para que aparezca y darle más publicidad. Vaya puñado de minutos más prescindibles. Pobre Cher... Con lo que tú has sido...

<<<<SPOILER ALERT>>>>
Lo que no les perdonaré jamás a los guionistas es haber matado a Donna Sheridan, y por ello haber limitado el papel de Meryl Streep a una UNA! canción. Joder, es Meryl Streep, tienes a la que probablemente sea la mejor actriz de las últimas décadas y le das un triste número al final. Andaypudríosporahí, hombreya! ¡Indignado me hallo!
<<<<FIN DE SPOILER>>>>

Anyways, la peli es mu potita y sobre todo te enseña los estragos de la edad poniéndote al mismo casting 10 años después.
Yo ahora me voy a comprar una crema antiaging (creo que en Eroski tienen las Olay en promoción gracias a Cifuentes) y seguido me voy corriendo a comprar entradas para "Cinco horas con Mario". Aún estoy en shock y llorando de agradecimiento porque Lola Herrera vaya a dejarnos ver semejante obra de arte.

viernes, 3 de agosto de 2018

Tardes de piscina y "caldito de yo"

Pues sí, si que hace mucho calor. Es entrar en el coche a la salida del hospital y el aire de dentro te abofetea sin piedad a sus 46 (cuarenta-y-seis) grados centígrados. Ventanas bajadas, aire a tope y respirar poquito para no quemarse los bronquios hasta que se enfríe un poco el cubículo. Yo creo que estoy gastando el doble de gasolina de poner el aire a tope. Ayer ni siquiera pude poner el teléfono con el navegador, la última vez que lo intenté me comunicó que "ha alcanzado una temperatura con la que pueden aparecer errores de funcionamiento". ¡Anda, como yo! Si es que no hay quien funcione así... salvo Ahmed y los otros beduínos del Wadi Rum jordano. Total, que ni escondiendo el móvil bajo unos folios alcanzó una "temperatura de funcionamiento", por lo que procedí a meterlo un poco en la nevera, aversi.


No quería echar siesta, pero la siesta me dijo que donde iba con este calor, alma de cántaro. Al menos me arrastré a la piscina un rato, que ya está bien el primer día después de estar apuntado Y pagando desde hace 8 meses. Bueno, la piscina exterior en realidad abre en mayo... Allí descubrí varias cosas:
  • Que la piscina es pequeña pero tiene vista directa del Pirulí. Me encanta que el Pirulí me recuerde que estoy donde quiero estar, en Madrid ::mode happy on :: ☺
  • Que si meto mucha mucha tripa sigo desentonando igual entre los cuerpos esculturales de alto standing que salpican las tumbonas.
  • Que si un chico sonríe constantemente, o sea, SIN PARAR ni un segundo pero ni bajo el agua, te entran dudas de si es un rictus o un rictus a secas. Yo por si acaso me fui alejando poco a poco sin darme la vuelta. Poco a poco. Silently. Samurai nipón total.
  • Que sigo siendo poco sociable. Si un desconocido se gira en la piscina y me dice "qué calor, menos mal que aquí se está mejor", también sonrío y también me alejo.
Hoy hace calor hasta en el hospital. Vaya ascos. Voy a adelantar ciencio-mierdas las horas que faltan, y salimos pitandillo para Santander, donde hay menos calor y más humedad para sufrir lo mismo, pero al menos en familia.

jueves, 2 de agosto de 2018

Maldigo un poco a Mariaca Semprún...

...por no haber cantado completa L´Hymne a l'amour.

Empieza un agosto terrible. Este verano estaba siendo soportable, salvo alguna semana suelta de junio, pero parece que eso se acaba y volvemos a los 40 grados. Lo de poder dormir ya está solucionado con el aire acondicionado portátil, al menos hasta que llegue la factura de la luz y lo tiremos al patio interior al que da nuestra ventana. Pero las tardes... Es que es salir por la tarde, morir en el coche, arrastrarme a casa, comer como se pueda... y derretirse. Por mucho ventilador y mucho abanico de faralaes pum-pum-pum sobre el pechamen, es que me faltan las energías para moverme. En fin, cosa de las semanas veraniegas, lo que te dan en luz te lo quitan en calor.

Creo que la esta vez la lumbalgia me ha dado por los zapatos (además de por estornudar fuerte y por un gen defectuoso de la rama paterna). Echo de menos mis anteriores zapatos, eran súper cómodos aunque los llevara todo el día. Pero ¿cómo sabe uno cuando compra si los zapatos serán cómodos a largo plazo? Por eso me cuesta tanto cambiar de zapatos, aunque los vea zarrapastrosos y pidiendo a gritos una merecida jubilación. Por eso a veces (sólo a muchas algunas veces) me cuesta cambiar de lo que ya conozco, aunque vea que ya no sirve.



Menos con las personas. Hace tiempo que desecho rápido a las personas tóxicas para hacer espacio a las que de verdad merecen la pena.

¡Al menos el dolor de espalda está en su fase casi final!

miércoles, 1 de agosto de 2018

"Y si"... Hoy tan sólo "y si"...
Y si tan solo me doy 24 horas más para decidirme.
si Volver...
si no Volver...