Hay días en los que parece que no se pondrá el sol. Esos no importan. Además, se pasan rápido, duran tan poco como los recuerdos que tendré de ellos. Hay veces en las que es de noche, y se me olvida que más tarde amanecerá. Da miedo.
No sé si son noches más largas, o se me hacen más largas, aunque ¿qué más da? Da igual si me duele o si creo que me duele, porque el dolor es. Cuando amanece, me siento a la vez estúpido y aliviado. Estúpido por no haber recordado que amanecería. Aliviado por la parte de mí que pensaba que igual esta vez no amanecía. Todos pensamos que nos morimos, pero en una de estas, vamos, y nos morimos.
A veces la ciudad crece y me come, y no hay nadie en la noche urbana. Las calles son más largas y el silencio oprime mi conciencia como un pasillo demasiado estrecho. Aunque esté rodeado de gente. Esas veces, solo estoy yo conmigo y me asusto de mí.
Espero que amanezca pronto.

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