martes, 21 de agosto de 2018

Noches de bohemia

Llevo unas cuantas noches durmiendo como el culo. Si no es el calor porque intentamos apagar el aire portátil al menos durante un rato, es la acidez de estómago, o las pesadillas, o una puñetera canción que se me ha pegado y no me deja tranquilo. Así que voy semi a rastras, intentando no agotar el tiempo libre en siestas, que además luego es peor.

Ayer por la tarde tuvimos el enésimo ensayo en casa de Borch. Estamos preparando la canción para la entrada de su novia el día de la boda. Es un osado... No sé muy bien cómo está quedando, espero qué bien, porque será un momento clave en una ceremonia de unos 200 invitados. Vaya berenjenal. Encima, aún tengo que ir a alquilar el pingüino.

Por la noche rescaté de las profundidades de la chaise longue el libro de Prehistoria I. El cuaderno de apuntes debe de estar aún más profundo, así que ahora me debato entre rescatarlo el fin de semana o empezar uno nuevo. Diatribas del primer mundo. Voy a ver qué feeling me da leer el libro estos días y entonces me plantearé si volver a matricularme en la UNED este año o no.
Es lo que tiene la Historia. Que es cíclica...

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