martes, 14 de agosto de 2018

Gente de alta alcurnia con fotos de caballos en la pared

La semana pasada tuvimos un día desos importantes. De los que te unen por mucho tiempo, aunque sea frente al poder fáctico de una entidad bancaria. Íbamos nerviosos, pero menos porque íbamos tarde, y teníamos que quedar allí. Cada vez detesto más meter el coche en el centro, sobre todo si voy a algo concreto con hora fija. Al menos llegué bien puntual y nos juntamos en la puerta.

Fui gran parte del camino pensando en lo curioso que me parece que no tenga apenas recuerdos de la otra vez que pasé por este proceso. Pero nada, ¿eh? Ni el dónde, ni el con quién (quiero decir, de quién), o qué tiempo hacía o qué se yo... Un momento que se supone que es importante, al menos para mí por lo que implica. Y no recuerdo nada. Por eso esta vez hice dos fotos y un selfie ☺

Entramos en un portal de los que encuentras en el barrio Salamanca. Subimos a un primero de techos altísimos, alfombras viejísimas y un popurrí de muebles de Ikea mezclados con otros heredados del siglo XIX. Sillones enormes, con uno aún más enorme para que se vea quién cobra 1000 euros la hora. Cuadros de jockeys montando, fotos de su Ilustrísima siendo premiado y agasajado por gente igual de importante, adornos traídos del pasado y/o del rastro.

Y luego, firmas y más firmas, aquí y allá. Apretones de mano y enhorabuenas varias. Consejos finales. Y salir de allí con 5 juegos de llaves, un saco de ilusión y una bolsita de miedito, y un número haciendo eco en nuestra mente...

Dos mil cincuenta y siete... cuenta y siete... siete... ete... ete... ete...


No hay comentarios:

Publicar un comentario